Sueña Sevilla, que ya ha empezado la cuenta atrás para que celebremos una de las mayores fiestas que puede haber en el corazón de un ser humano.
Sueña Sevilla, y mira como ya la puerta se abre, escucha el crujir de la madera, sí, ese crujir de los niños corriendo sobre la rampa puesta en el Salvador.
Y cuando ves aparecer el humo de la vainilla, el incienso, mezclándose con esas flores blancas, esas flores que al terminar su vida se convierten en ese fruto dulce, esa flor, llamada azahar, que nombre más bello... Azahar...
¿Y el olor de canela y clavo?, algo que nunca falta en estos tiempos...
Ya voy contando el tiempo atrás, grano a grano de arena, ya voy preparando la cocina para preparar los manjares para recibirte en mi casa.
Ya voy preparándome, para verte salir, para escuchar el silencio roto con el sonido de los andares y los aplausos...
¿Y esos cantos desde los balcones?, déjame que este año te cante una con amor y Pasión, sobretodo con Pasión.
Déjame que sueñe contigo mi Sevilla, al menos una vez más, déjame soñar como cae esa lluvia de colores sobre nuestros Señores y Señoras, déjame expirar una ultima vez, déjame rezar el rosario contigo, déjame cautivarme por sus ojos, déjame Sevilla, volver a sentir, la Semana Santa, déjame soñar con ella.
El otro día, paseaba por el campo verde y fresco de mi pueblo. Que agradable aroma se respiraba, y te recordé, en mi infancia, cuando tú además tenias un año menos que yo, lo recuerdo, y aún así fuimos grandes amigos inseparables. ¿qué fué de ti?.
Te recuerdo como la niña de la esquina, si, esa que esta oculta ahora mismo asomando tan solo sus ojos nocturnos y su pelo oscuro, parecías la noche en persona con tu piel de porcelana.
Te recuerdo como la niña que se escondía, cada vez que me levantaba por la mañana, a eso de las 8 para acompañar a mi abuelo para llevar a mi yegua al campo a que cabalgara libre por el. Y como cada vez que volvía la mirada atrás, veía una sombra humana sin su dueño.
Me acuerdo como cada tarde incluso, cuando yo recogía al animal, para cabalgar por el pueblo un rato, calle arriba y calle abajo, y como tú, te escondías para mirarme tras la columna de la estatua de una cruz. Yo miraba atrás y lo único que podía ver es a todas ellas fueras de sus casas, preguntándose unas a otras si aquel chico correspondía a alguien.
Aún recuerdo cuando incluso aquella noche, acogí en mi casa a la hija de un amigo de mi padre, y como tú, tras la ventana, me espiabas simplemente porque dormía en la misma cama que ella.
¿Pensabas que pasaba algo más en los sueños? te equivocaste, pues solo dormíamos y tú transnochabas.
¿Y aquella noche?, ¿te acuerdas?, si la última que me estuviste observando, la misma noche en la que esa hija de padre, me llevó a la media noche a la plaza frente a la cruz, la cruz que se alzaba en lo alto, la misma donde te escondías para verme andar por el pueblo por las tardes. Y como observaste que me tomo de la mano y se acerco a mi para susurrarme algo al oído, ni siquiera esperaste a escuchar mi respuesta, pues lo único que escuche tras su pregunta, fué un fuerte golpe, como si alguien cerrara la puerta con toda la furia del mundo.
Ni siquiera esperaste a escuchar mi respuesta a esa pregunta...
Pero lo que recordare más de aquella noche, no será el beso en la plaza, sino el llanto en la noche que se podía escuchar.
Recuerdo en la plaza, la tarde que pasé con ella paseando por la orilla, nos adentramos al mar y las olas hizo el resto.
Recuerdo en la feria, bailaba con ella, y al acabar te vi, te saludé y sin decir nada te fuiste... esa fué nuestra ultima noche...
Acabó el verano, acabaron mis vacaciones, hacia mis maletas, y no estabas detrás de la puerta...
Regresé al pueblo, años tarde, mi abuelo me comentaba que preguntabas por mi, cuándo volvería, que querías decirme algo, pero tú nunca estabas en tu casa aquellos días.
Y para un día que pude ir a verte, llamo a la puerta, y no me abren ningún familiar tuyo, eran desconocidos, pregunté, y me dijeron "ellos se han mudado de pueblo".
Ahora soy yo, quien se dirigía a la plaza mayor, e intentar diferencias el agua de la fuente, y el de mis ojos..., ahora soy yo quién no cabalga por el pueblo, ahora cabalgo por el campo en busca del pueblo donde estás...
¿Dónde estás?... dónde estas, niña de la esquina..., niña de mis recuerdos veraniegos en Villarrasa...
Basado en mis recuerdos, de una juventud, de un amor no correspondido, o tal vez, dos...
un rayo de luz ilumina mi habitación a través de la ventana, miro y la luz proviene de un pájaro blanco, abro la ventana y extiendo el brazo, él mismo se posa en mi brazo, para luego volver a tomar el vuelo y entrar en mi habitación.
Yo expectante miro como poco a poco toma forma humana, una forma que recordaría siempre mirando solo la sombra, eras tú..., con un traje blanco y con los pies desnudos.
Extendiste tu brazo y pusiste tu mano en mi pecho, me empujabas poco a poco al balcón, hasta estar de espaldas a ella en contacto con la baranda.
Bajaste la mano, me miraste, y me dijiste :
-Cierra los ojos.
-¿Porqué debo cerrarlos?.
-Hazme caso.
Cierro los ojos, escucho el silencio, y noto como tu respiración es cada vez más fuerte en mi cara, y me susurras al oído:
-"Todo esto, es para ti".
Y me empujas para hacerme caer al vacío, observando como poco a poco el suelo esta más cerca de mi. Cierro los ojos, y en el ultimo instante observo que estoy en un vagón de tren.
Al levantarme observo que vuelves a estar frente a mi, pones tu mano en mi cara, me besas, y me clavas un puñal en el corazón.
Yo caigo en el suelo rojo, rojo, el mismo color que tiene mi corazón cuando te miro y pienso que te puedo decir "te amo".
Cuando muero, no muero, vuelvo a mi habitación derrepente, tumbado en mi cama, miro a la ventana y lo que veo primero es que estas a mi lado, con tu cuerpo igualmente tendido sobre la cama, mirándome. Me besas igualmente, y yo lo disfruto a pesar de la puñalada..., que estúpido fui, porque luego me di cuenta que me encontraba en una pecera en el vagón de ese tren ahogandome, y tú mirándome desde fuera, sonriendo.
Cuando note que mis pulmones estaban llenos de agua mortal, y no de tu aliento, desvanecí. Ni me di cuenta siquiera que me estaba comiendo aquel pez negro, total, estaba otra vez muerto...
¿Tan insatisfecha estabas de verme morir, que quisiste resucitarme de nuevo?, pero esta vez, no en mi cuarto... estaba solo, sobre un puente, la niebla impedía ver el final. Andaba y andaba, escuche tu risa, y corría y corría, hasta verte al final del puente, y detrás tuya, aparecía ese enorme bastión gótico.
Tomaste mi mano, y me llevaste atrás, con un paisaje tétrico de lapidas, me llevaste a una de ellas, tenia arriba un ángel de rodillas, rezando, y mirando al cielo con una lágrima en la cara.
Te miré, y tenias una lágrima roja en tu mejilla, la sequé y te dije:
-¿es esto lo que deseabas?.
Simplemente me miraste, y volviste a besarme, hasta volver a despertar solo, con la luz del amanecer, en mi habitación.
¿Fué real?, entonces... porqué tengo la cicatriz de la puñalada, la ropa mojada... y los labios desgastados.
Al levantarme observo en mi escritorio un tren dorado de juguete con las luces encendidas, me acerco, lo examino y veo que estas allí, tu cuerpo inerte sobre el suelo del vagón, el vagón donde me clavaste tu cuchillo, el mismo donde me ahogaba y era devorado por un pececillo negro, el mismo vagón donde todos sus pasajeros que están enamorados, morían asesinados por su propio amor.
Volver a los orígenes, observando tan solo lo que nos rodea. Dejar que la imaginación te lleve de la mano hacia el Mundo Fantasía. Es lo que me pasa siempre que visito mi querida Santa Iglesia Metropolitana Catedral de Sevilla. El pasado día fui con mis mejores amigos, fue genial hacer de guía turístico, ir diciendo de que época es cada escultura, cuadro o arquitectura que adornaba el Templo.
Lo más marivílloso era pasear entre sus enormérrimas columnas, tocarlas, cerrar los ojos, oler el incienso, escuchar el sonido del silencio roto por las campanadas de las 12, y pensar que estás en el pasado, y eres un conde que pisa el Templo, junto con el Rey de Castilla, y un duque proveniente de Brasil.
Pasear mirando al techo gótico mientras miras cada instante el suelo evitando de pisar las tumbas de los antepasados. Ir a la capilla de la Reina de Reyes, y admirar el cadáver del Santo Patrono Rey Fernando III.
Ir al campanario, subir junto a las 25 campanas, bajo los pies de la Dama de Bronce, el Giraldillo, asomarse a las ventanas, cerrar los ojos y volver aún más al pasado, la época mozárabe, escuchar el canto en el patio..., bajar corriendo las rampas para no perder la oportunidad de cantar junto con los demás en el patio de los naranjos, junto a la gran fuente, y expectantes de como un cocodrilo a aparece de ella y un soldado con su lanza lo atraviesa y le pone unos grilletes en los pies por si acaso seguía vivo.
Pasear entre las sombras de esos naranjos dulces, refrescarse la cara con agua sagrada de las fuentes, y ver como todo alrededor cambia al S.XVIII, ir a ver los tesoros ocultos, y encontrarse con la plata hecha Custodia de Arfe, y Relicario de la Sagrada Espina, arrodillarnos ante la Espina, la Inmaculada, San Fernando, y otros grandes Santos expuestos, y como no, al colonizador descubridor del Nuevo Mundo, Colón.
En definitiva, Sevilla enamora, su Catedral, la Catedral de Fuego, Fuego del Amor, te hace ver toda su historia, la historia de una Terra Sacro.
Dedicado a mis dos mejores amigos L y Pb, por el gran día que pasamos :).
Aii esa lluvia que viene por la mañana... que me encanta ese olor en la calle, a campo húmedo. Que me encanta esos domingos apacibles lluviosos, en los que contemplo a través de mi ventana las gotas chocando en el cristal...
Que preciosa es la lluvia... acariciar el frio cristal mientras hago dibujos en el.
Pero ¿cuantas veces has pensado que mientras para ti ha sido una maravilla, para otros ha sido una pesadilla? Miles de personas odian las lluvias por los grandes problemas que pueden causar cuando es en exceso. Ojala la naturaleza no fuera tan complicada y dura...
Tan complicado como los sentimientos. ¿Sabes con que relacionan la lluvia? con las lágrimas.
Las lágrimas hay de muchos tipos, de risa, odio, alegría, amor, des-amor... siempre que hay algo bueno tiene su lado malo. Cuando no paramos de reír lloramos, cuando vemos a un ser querido después de mucho tiempo, nos emocionamos, cuando conseguimos cumplir nuestros sueños, nuestras metas nos emocionamos también. Pero también lloramos por:
-Cuando recibimos malas noticias de un ser querido...
-Cuando nos frustramos al ver que no llegamos a la meta.
-Cuando sabes que será la última vez.
-Cuando recibes la llamada de alguien que odias hasta la muerte y no quieres saber nada de esa persona porque sabes que te ha hecho mucho daño en la vida y no quieres volver a verla...
-Cuando le dices a alguien lo que sientes, y aunque te haya dicho no, dejáis de hablar para siempre.
Lloramos por tantas cosas, y hacemos tan poco...
Pero hay una frase que dice "después de la tempestad, viene la calma", que gran verdad. ¿Qué porque? je, has parado a pensar, qué después de todos esos momentos malos, siempre hay alguien que te tiende una mano con un pañuelo. Pero no solo después de los malos momentos, también en los buenos, aunque en este caso esa persona llorara por lo mismo que lloras.
Si tienes un des-amor ahí está, si pierdes a un ser querido, ahí esta también, si te llama la persona que más odias, ahí estará esa persona para abrazarte para calmar tu sufrimiento.
Ahí estará siempre, nuestro pequeño ángel de la guarda.
¿Porque escribo estas cosas?, escribo lo que siento, y la lluvia es mi tiempo preferido, más que nada porque...
es casi igual que yo.
Dedicado a mis amigos y mi familia (L), por esos momentos. Muchas gracias por sorportarme :).
Y es en estos tiempos de lágrimas cuando más te añoro.
Tiempos en los que necesito saber que estás ahí, sentirte cerca de mí. Y es que es ahora que veo la realidad, no estoy enamorado de ti. Me enamoré del suelo que pisas, del aíre que te toca, del agua que bebes…
Y es que ahora sé, que te conozco mejor.
Principios de año, te adornamos, para que no llores, la perdida de tu belleza (mátame Señor mío por decir tal cosa). Y para que veas las sonrisas de multitud de sonrisas inocentes, y de deseos.
Te animas, te alegras, y en tiempos de cuaresma es cuando todos te adoramos. Nos dejamos llevar por ese olor que te caracteriza, ese color enamoradizo. Pero si algo nadie puede criticar, es en esa semana, tu SEMANA GRANDE, cuando el olor a azahar se junta con el incienso, cuando solo podemos oler a “canela y clavo”, cuando saboreamos el pan mojado en vino o leche, junto a la miel. Cuando escuchamos ese himno, “Pasa la Virgen Macarena”, “Pasan los Campanilleros”, cuando escuchamos como se estremece el silencio ante el paso del Silencio. Cuando vemos el Guadalquivír vistiéndose de “Verde Esperanza” y es que no lo es menos, teniendo dos esperanzas a sus lados…
Cuando vemos el cielo vestirse de azul “Consolación”.
Y que tristeza cuando se acaba esa Semana, pero la alegría llega con el sonido de las guitarras, tacones, castañuelas, para volver a animarte una Semana más.
Pero eres tan egoísta, que pídes más, y es cuando llega ese JUEVES, en el que el pueblo se hecha a la calle para ver al Santísimo pasar frente a nosotros y al ejército. Y poder escuchar ese repique de las campanas de la picota sevillana, la Giralda.
No lo es menos, que repites meses más tarde, con la reina de las reinas, la mujer que tienes sentada en ese trono, junto con su hijo, la reina y protectora en las batallas de nuestro Santo Patrono Rey Fernando de Castilla. Nuestra Señora de los Reyes.
Y que disgusto más grande te llevas, que las hojas de los arboles caen, dando el tono rojizo a la Catedral de Fuego, mi Santa y Metropolitana Catedral de Sevilla. ¿Cuantas lágrimas, alegrías, amores y desamores has visto? mi Giraldillo.
Y nosotros te volvemos a vestir de luces, para animarte, te hacemos espectáculos de fuegos. Escuchamos contigo las campanas nuevamente, y tú, con tu egoísmo, sigues pidiendo más.
Y yo, como siervo tuyo, te pido que no seas egoísta, que tu belleza no la tenga cualquiera, tu olor, tu color, los sentimientos en general, te hacen única.
Ya enamoraste a tres grandes escritores, Bécquer, Antonio y Manuel Machado, los cuales te echaron de menos en sus escapadas.
Pero si te pido, que estas lágrimas, las conviertas en Rocío mañanero. Y esta soledad, que me has convertido en compañía, no desaparezca. Porque si algo sé, es que quiero estar a tu lado siempre, y es que ahora puedo decir que estoy enamorado de ti.